El oro frena su impulso: la inflación le da alas, pero Warsh y el petróleo le cortan el vuelo
Veröffentlicht: 15.07.2026 um 05:22 Uhr, Redaktion boerse-global.de
El respiro que los mercados tomaron el martes tras conocerse una inflación estadounidense más débil de lo previsto duró apenas unas horas. El oro, que había escalado un 1,48% hasta los 4.067,50 dólares por onza, retrocede el miércoles y cotiza en 4.037,30 dólares, un 0,42% menos. La razón: el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, no aclaró el rumbo de los tipos durante su primera comparecencia ante el Congreso, y las tensiones geopolíticas vuelven a avivar el fantasma inflacionista.
El dato que cambió el guion
El Departamento de Trabajo de EE.UU. publicó el martes el índice de precios al consumo de junio, y la sorpresa fue mayúscula. La tasa anual se situó en el 3,5%, muy por debajo del 3,8% que esperaban los economistas y del 4,2% registrado en mayo. En términos mensuales, los precios cayeron un 0,4%, el mayor descenso desde abril de 2020. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, también moderó su avance hasta el 2,6%, frente al 2,9% anticipado.
La reacción inicial fue inmediata: las rentabilidades de los bonos del Tesoro se desplomaron, y el oro, como activo que no genera intereses, se disparó hasta los 4.067,50 dólares. El mercado interpretó que la Fed podría mantener o incluso recortar tipos en el segundo semestre.
Sin embargo, la euforia duró poco. Al día siguiente, las dudas volvieron a pesar.
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Warsh no da pistas y el petróleo presiona
En su audiencia semestral sobre política monetaria, Kevin Warsh reiteró el compromiso de la Fed con la estabilidad de precios, pero no lanzó ninguna señal clara sobre los próximos movimientos. La incertidumbre se refleja en las expectativas: la probabilidad de una subida de tipos en septiembre se mantiene en torno al 50%.
A esto se suma un factor geopolítico que complica el escenario. Las tensiones entre EE.UU. e Irán se han intensificado. Donald Trump anunció el restablecimiento del bloqueo a los buques iraníes en el estrecho de Ormuz y exigió una mayor contribución económica a los países que se benefician de la protección estadounidense en esa ruta. Como resultado, el petróleo Brent repuntó más de un 4%, hasta cerca de los 79 dólares por barril.
Esta escalada ejerce una presión doble sobre el oro. Por un lado, refuerza la demanda como refugio seguro. Por otro, aviva las expectativas de inflación, lo que alimenta el argumento de una política monetaria más restrictiva. De momento, el martes prevaleció el efecto refugio, pero el miércoles el rebote dio paso a la corrección.
El gráfico no miente: consolidación a la baja
La fotografía técnica confirma la debilidad subyacente pese al respiro puntual. El oro cotiza un 6,39% por debajo de su media de 50 días (4.345,00 dólares) y un 10,40% por debajo de la media de 200 días (4.539,72 dólares). El RSI se sitúa en 41,9, lejos del territorio de sobreventa pero reflejando una presión compradora menguante.
En el cómputo mensual, el metal acumula una caída del 6,08%, y desde enero ha perdido un 6,32% de su valor. El precio actual se encuentra un 27,71% por debajo del máximo de 52 semanas, los 5.626,80 dólares alcanzados en enero, y apenas un 4,26% por encima del mínimo de ese periodo, los 3.901,30 dólares. La volatilidad anualizada de los últimos 30 días alcanza el 28,40%, señal de que el mercado sigue nervioso.
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El pilar que no se tambalea: los bancos centrales
A pesar del vaivén diario, la demanda estructural de oro no se resiente. El Banco Popular de China aumentó sus reservas en 14,93 toneladas durante junio, el vigésimo mes consecutivo de compras netas. Pekín ya acumula alrededor de 2.346 toneladas, una diversificación que los analistas interpretan como un alejamiento gradual del dólar.
Este apetito institucional, compartido por otros bancos centrales del mundo, actúa como suelo para el metal incluso cuando los factores tácticos —Fed, dólar, petróleo— lo zarandean. El billete verde sigue siendo el gran rival: un dólar fuerte encarece el oro para los compradores no estadounidenses, y la subida de las rentabilidades de los bonos eleva el coste de oportunidad de mantener un activo que no paga intereses.
Lo que viene
El precio del oro se debate entre dos polos: la posibilidad de una Fed menos agresiva, que gana enteros con la inflación a la baja, y el riesgo de que el petróleo y la incertidumbre geopolítica reaviven las presiones sobre los precios. En los próximos días, la comparecencia de Warsh ante el Congreso —aún en curso— y el inicio de la temporada de resultados de la banca en EE.UU. podrían dar nuevas pistas. Ambas fuentes de información tienen la capacidad de mover el lingote con la misma rapidez que lo han hecho esta semana.
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