El pulso entre Asia y la Fed deja al oro en el filo de los 4.000 dólares
20.06.2026 - 08:44:26 | boerse-global.de
La primera reunión de la Reserva Federal bajo la presidencia de Kevin Warsh ha golpeado al oro con una dureza que ni el apetito sin precedentes de los bancos centrales logra compensar. El metal cerró la semana en 4.172,90 dólares, un descenso del 1,58% en siete días que lo sitúa un 4% por debajo del nivel con el que comenzó 2026 y un 26% lejos de su máximo anual de 5.626,80 dólares. La pregunta que domina el mercado es si el soporte de los 4.000 dólares aguantará.
El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) mantuvo los tipos en el rango del 3,50% al 3,75%, como se esperaba. Lo que nadie había descontado es que nueve de los diecinueve miembros del comité pronostican ahora al menos una subida de tipos antes de que acabe el año. El diagrama de puntos (dot plot) sitúa la mediana de los tipos en el 3,8% para diciembre, frente al 3,4% de marzo. La Fed eliminó además cualquier lenguaje que insinuara un próximo movimiento a la baja, un giro que disparó al dólar hasta máximos de ocho semanas. Según la herramienta CME FedWatch, la probabilidad de una subida de tipos antes de diciembre se ha elevado al 66% —a principios de año aún se descontaban dos recortes.
Ese viraje hawkish ha dejado al oro técnicamente herido. El precio perforó la media móvil de 200 sesiones por primera vez desde octubre de 2023, un nivel que los analistas consideran clave. El índice de fuerza relativa (RSI) se sitúa en 35,4, rozando el territorio de sobreventa, pero sin que haya aparecido aún un rebote significativo. Si la barrera de los 4.000 dólares cede, los siguientes soportes se encuentran sensiblemente más abajo.
Los bancos centrales no aflojan, pero el entorno macro se lo pone difícil
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Frente al vendaval monetario, la demanda estructural de los bancos centrales sigue firme. Según el World Gold Council, las compras netas alcanzaron las 244 toneladas en el primer trimestre de 2026, el mejor dato trimestral en más de un año y por encima del promedio de los últimos cinco ejercicios. Polonia fue el mayor comprador con 31 toneladas en el trimestre; China añadió 7 toneladas y elevó sus reservas hasta las 2.313 toneladas, encadenando ya 18 meses consecutivos de acumulación. Desde 2022, Pekín ha sumado más de 350 toneladas, Varsovia unas 320, Turquía alrededor de 220 y la India cerca de 130.
El detonante de esta oleada, recuerdan los analistas, fue la decisión de Washington de congelar las reservas en dólares de Rusia tras la invasión de Ucrania. El oro no conlleva riesgo de contraparte soberano: no se puede inmovilizar ni sancionar. Una reciente encuesta del World Gold Council revela que el número de bancos centrales que planean incrementar sus tenencias es el más alto de la historia, con respuestas recogidas mayoritariamente después de la escalada del conflicto en Oriente Próximo.
Sin embargo, la fuerza de los bancos centrales no basta para contrarrestar el empuje del dólar y las expectativas de tipos más altos. A corto plazo, el mercado sigue pendiente de la macroeconomía estadounidense. Esta semana se publicarán los PMI manufactureros y de servicios de junio (lunes 23), el deflactor de consumo personal (PCE) subyacente de mayo junto con el PIB del primer trimestre y las peticiones semanales de subsidio de desempleo (miércoles 25), y las expectativas de inflación de la Universidad de Michigan (jueves 26). El mismo día del PCE hablará el presidente de la Fed de Chicago, Austan Goolsbee, una cita que cobra especial relevancia tras el giro duro del FOMC.
Asia construye su propia infraestructura dorada
Mientras la atención se centra en los datos estadounidenses, tras bambalinas se gesta un cambio de calado en la geografía del comercio del oro. Asia concentra cerca del 70% de la demanda mundial, pero la infraestructura de compensación y liquidación ha estado anclada durante décadas en Londres. Eso está a punto de cambiar. Singapur y Hong Kong están levantando en paralelo sus propios sistemas de compensación (clearing) con la ambición de disputar la hegemonía londinense.
La Bolsa de Singapur (SGX) lanzará antes de que termine 2026 un sistema extrabursátil de liquidación de oro físico bajo el nombre «Loco Singapore», con entidades como DBS, Deutsche Bank, ICBC Standard Bank, JPMorgan, OCBC y UOB como miembros compensadores. La plataforma completa estará operativa a finales de 2026. Además, desde octubre el banco central singapurense ofrecerá servicios de almacenamiento de oro a bancos centrales y fondos soberanos extranjeros, y se eliminará el límite máximo para metales preciosos físicos en ciertos vehículos fiscales bonificados.
Hong Kong no se queda atrás: prevé lanzar su propio sistema de clearing el próximo julio y relanzará los futuros del oro. La pugna entre ambas plazas financieras refleja una tendencia más amplia: China, India y varias economías de Oriente Próximo están incrementando sus reservas auríferas de forma sistemática como parte de una estrategia de desdolarización. La demanda de infraestructura regional sigue esa misma lógica.
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En Dubái, la Dubai Gold and Commodities Exchange pondrá en marcha el 22 de junio el primer contrato al contado de oro con liquidación física y settlement diario en la región del Consejo de Cooperación del Golfo, denominado en dirhams y basado en lingotes de un kilogramo. Todo ello dibuja un mapa alternativo al tradicional eje Londres-Nueva York.
El corto plazo manda, pese a las apuestas alcistas de algunos grandes bancos
A nivel táctico, la demanda física en Asia muestra debilidad. En India, las compras no reaccionaron a la caída de precios y los distribuidores aplicaron descuentos sobre las cotizaciones locales. En China, el mercado pasó temporalmente de una prima a un descuento frente al precio spot internacional. Los compradores esperan señales más claras antes de volver a entrar.
Pese al contexto adverso, J.P. Morgan mantiene su objetivo de 6.000 dólares para finales de año, aunque lo condiciona explícitamente a una desescalada de los conflictos geopolíticos y a un giro de la Fed. Por ahora, la Fed no da señales de ceder y el oro se asoma al abismo de los 4.000 dólares con los bancos centrales comprando a toda máquina, pero sin suficiente fuelle para frenar la caída.
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