Nvidia: el retraso de Kyber y el apetito energético de Rubin redefinen la estrategia del gigante
Published on 07/06/2026 at 07:14 | Redaktion boerse-global.de
Lo que parecía un camino despejado hacia la dominación total de la inteligencia artificial se ha convertido en una carrera de obstáculos con dos frentes simultáneos. Por un lado, la manufactura de la próxima gran arquitectura, Kyber, se enfrenta a un retraso de más de un año; por otro, el consumo eléctrico de los sistemas actuales y futuros amenaza con convertirse en un freno estructural. Nvidia se ve obligada a reinventar su modelo de negocio en plena vorágine.
La firma de análisis SemiAnalysis ha confirmado que la arquitectura Kyber NVL144 en formato rack no llegará antes de 2028, doce meses más tarde de lo previsto. El problema radica en el diseño de las placas intermedias (mid-board), cuya complejidad provoca bajos rendimientos en la fabricación y cuellos de botella en el suministro de circuitos impresos. Jensen Huang había presentado esta plataforma hace apenas unos meses como pilar del próximo salto en centros de datos. Ahora, con un 70% de los envíos de GPU de alta gama en 2026 aún basados en Blackwell, el retraso de Kyber pone bajo la lupa la fiabilidad de la hoja de ruta y añade presión sobre la futura serie Rubin.
Sin embargo, el horizonte no se nubla solo por retrasos industriales. El consumo de energía escala a velocidades que ponen a prueba a las propias infraestructuras. Cada rack equipado con la GPU Rubin, cuyo lanzamiento está previsto para este mismo año, requerirá cerca de 300 kilovatios de potencia. Y los diseñadores ya preparan racks que rozarán el megavatio —suficiente para abastecer a 750 hogares estadounidenses. Un directivo de CoreWeave lo resumió con crudeza: «Cuantas más prestaciones metes en un chip, mayor es la densidad, y esa tendencia no se detiene». Nvidia reconoce además que alrededor del 30% de la energía que llega a los centros de datos no se destina a generar capacidad de IA: se pierde en sistemas de refrigeración y en pérdidas por transmisión a través de los enormes campus.
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Ante esta doble presión, Nvidia ha decidido modificar su modelo comercial. A principios de julio lanzó el programa «Compute Royalties», que sustituye los pagos por adelantado por participaciones en los ingresos de los clientes. Las startups ya no tienen que desembolsar el coste completo de los chips; acceden a hardware de última generación, como el Grace Blackwell GB300, a cambio de un porcentaje de su facturación futura. Dos acuerdos ilustran la magnitud: Sharon AI desplegará hasta 40.000 chips GB300, y Firmus construirá un campus en Indonesia con 360 megavatios de capacidad para albergar hasta 170.000 GPUs. Ambos proyectos operan bajo el nuevo esquema de regalías, alejándose de las ventas únicas tradicionales.
En el parqué, la reacción es de consolidación más que de pánico. La acción cerró a 171,98 euros, lo que supone un avance del 6,75% en lo que va de 2026, pero un 15,07% por debajo del máximo de 202,50 euros alcanzado a mediados de mayo. Con una capitalización bursátil de 4.123,93 millardos de euros, el mercado descuenta que incluso Nvidia no puede crecer al ritmo de años anteriores. El RSI se sitúa en 43,8 puntos, en terreno neutral, mientras que el título cotiza un 5,17% por debajo de su media móvil de 50 sesiones (181,36 euros) pero un 4,73% por encima de la media de 200 sesiones (164,21 euros). La volatilidad a 30 días anualizada, del 38,25%, refleja la tensión latente en todo el sector tecnológico.
El precio objetivo medio de los analistas, 263,59 euros, implica un potencial alcista superior al 53% desde los niveles actuales y apuesta a que los cuellos de botella —tanto eléctricos como de financiación— podrán resolverse sin descarrilar el crecimiento. El mínimo de 52 semanas, 134,06 euros, marcado hace casi justo un año, recuerda hasta dónde llegó el pesimismo. Mientras tanto, el dividendo trimestral de 0,25 dólares por acción, casi una anécdota para un valor que fue el epítome del crecimiento, sugiere que Nvidia empieza a ser vista también como una modesta fuente de rentas.
La escasez de chips que dominó 2023 y 2024 está dando paso a una realidad más compleja: la verdadera carrera ya no es solo por fabricar los mejores procesadores, sino por garantizar los gigavatios necesarios para encenderlos y la ingeniería financiera para que los clientes puedan adquirirlos. La próxima evolución de Nvidia se jugará tanto en las salas limpias como en las redes eléctricas y los balances de sus socios.
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